lunes, 16 de agosto de 2010

Jornadas de trabajo del grupo VT-Jujuy

Los pasados días 13 y 14 de agosto se llevaron a cabo las jornadas de trabajo del grupo de Jujuy. Se abordaron los mismos temas que en Tucumán y el grupo realizó actividades grupales en torno a dos propuestas:

- Resolución del problema analizado en la reunión anterior con Roberto Carballo

- Aproximación a la metodología del desarrollo territorial, realizando el diagnóstico de un territorio elegido pos cada grupo de trabajo y el posterior análisis FODA, encaminado a la detección de líneas estratégicas de desarrollo.

El análisis sobre el territorio será completado en el trabajo de evaluación que enviarán los grupos de trabajo antes de finales de septiembre.

Antes de terminar las jornadas el grupo extrajo las siguientes conclusiones y aprendizajes:

La importancia de fijar el concepto de desarrollo territorial

El papel metodológico de la metodología de grupos, tanto en el aula como en los propios procesos territoriales.

La utilidad del cambio de grupos para facilitar el conocimiento de los integrantes y la cohesión del grupo grande.

El alcance de los resultados obtenidos cuando mucha gente piensa, trabajando con método.

La rapidez con que se construye conocimiento en los espacios grupales.

La utilidad de los materiales aportados en las jornadas para el desarrollo territorial.

La importancia esencial de la innovación social en estos procesos.

La importancia de ver objetivado el propio conocimiento y de darle sentido a los contenidos tratados y al proceso de trabajo.

La identificación de las ventajas y limitaciones del enfoque territorial.


miércoles, 11 de agosto de 2010

Jonadas de trabajo del grupo VT de Tucumán

En las reuniones realizadas los días 6 y 7 de agosto se trataron temas como el desarrollo territorial, la innovación, la aparición de experiencias en América Latina y su proyección como nuevo paradigma de desarrollo.

Se hicieron dos actividades grupales. La primera para definir grupalmente la innovación y buscar los factores territoriales que la propician. La segunda enfocada a realizar un diagnóstico territorial y un análisis estratégico FODA, como paso inicial en la metodología del desarrollo territorial, que debería seguir con la identificación de líneas estratégicas de desarrollo para las regiones estudiadas y la definición de un plan estratégico, la implementación de las políticas adecuadas y los procesos periódicos de evaluación.


En la definición de innovación se destacaron los siguientes aspectos:

Proceso complejo. Planteado en etapas.
Adaptación a las circunstancias.
Mejora de lo existente. Cambio de las condiciones actuales.
Ruptura con el paradigma.
Nueva forma de organización
Las necesidades como estímulo
La obtención de resultados (beneficios en sentido amplio)
Interacción.
Creación de algo nuevo.
Una forma de enfrentar el riesgo
Una forma de conocimiento aplicado


Entre los factores que propician la innovación se encontraron:

Las necesidades de los actores. Las crisis.
las políticas locales, sobre todo las orientadas a áreas prioritarias. Los instrumentos de fomento.
El contexto institucional
Las capacidades de los actores: Sociedad, administración e instituciones de I+D.
El conocimiento de los mercados y los clientes
El nivel de interacción entre actores. Los consensos alcanzados.
Los niveles de comunicación en el territorio.
Cercanía de las fuentes de conocimiento.
La generación de confianza. El establecimiento de redes.
El emprendedurismo
La cultura productiva.
Los recursos humanos capacitados.


Después de analizar los territorios desde la perspectiva del DT se planteó un debate final del que surgieron las siguientess conclusiones:

El DT es endógeno y diferente en cada caso
La importancia de contar con información territorial para hacer posible en conocimiento y diagnóstico del territorio
El DT es un proceso de construcción social
Por tanto, la creación de confianza entre los actores es fundamental
La planificación tiene un lugar muy importante.
Las políticas públicas son facilitadores muy importantes.
No se puede olvidar la visión de los social en los procesos económicos.
La importancia de los actores locales como protagonistas del proceso
La potencialidad de lo local si se construye adecuadamente.
El avance desde la copia de un modelo único a un proyecto complejo y diferente en cada caso.
La importancia del método en los procesos sociales: es lo que nos puede llevar de la necesidad al proyecto.

sábado, 7 de agosto de 2010

Bienvenida a los partitipantes de Tucumán y Jujuy

Este blog será un punto de encuentro entre los participantes de los cursos de vinculación tecnológica del Tucumán y Jujuy. Esperamos compartir comentarios y aprendizajes y, acaso, ir configurando una red de profesionales comprometidos con los procesos de innovación y desarrollo participativo.
Seguimos...

jueves, 11 de diciembre de 2008

Innovación y participación

Del texto de Eduardo se rescatan aspectos clave sobre el desarrollo territorial. Pienso que lo sustancial del aprendizaje que venimos experimentando desde que comenzó este curso está resumido ahí. Además hay una interesante conexión con Amartya Sen. El desarrollo es por definición local y participativo. Es una cuestión, básicamente, de organización. El reto es encontrar, en cada caso, los procesos que permitan definir esa organización. 

Si se pueden consolidar esos espacios grupales (sociales) de comunicación, pensamiento e innovación genuina las sociedades implicadas estarían en condiciones de evitar los errores y desastres que hemos cometido en las sociedades hoy llamadas desarrolladas. Estarían en condiciones de construir OTRO desarrollo.

La seguimos...


martes, 30 de septiembre de 2008

LA PERSPECTIVA TERRITORIAL: EL DESARROLLO “A MEDIDA” DE LAS POSIBILIDADES


Las limitaciones manifiestas del mercado para constituirse en el factor excluyente del desarrollo y el éxito alcanzado por las experiencias que – por iniciativa propia – se implementaron en diferentes regiones europeas, permitieron establecer un nuevo paradigma para el análisis y la instrumentación de las políticas de desarrollo económico. Así como en su momento prescribieron aquellas percepciones que ponían en el centro de la atención a los empresarios y sus capacidad para constituirse en los promotores de los procesos de innovación y desarrollo, era ahora el mercado quien debía ceder espacio frente la realidad que exponían estas experiencias concretas de desarrollo regional.

De esta manera, mediante prácticas innovativas que partían del aprovechamiento de recursos sociales, económicos, culturales e institucionales endógenos, se pudo dar respuesta a las carencias generadas por el modelo establecido hasta entonces y, a partir de estas experiencias, muchas veces recuperando enfoques de antigua tradición en las políticas de desarrollo, formalizar teóricamente lo que se dio en llamar la “estrategia del desarrollo territorial” o, alternativamente, las “políticas de desarrollo local“.

() el enfoque del desarrollo económico local viene a destacar fundamentalmente los valores territoriales de identidad, diversidad y flexibilidad en las formas de producción, no basadas tan solo en la gran industria, sino en las características generales y locales de un territorio determinado”. Se corregía de esta manera la simplificación realizada por aquellos planteos teóricos que reducían el análisis del desarrollo al estudio de la empresa o el sector económico de manera abstracta, desvinculados de su entorno territorial (Alburquerque, F. 2004: 158).

Si pensamos al desarrollo como “un proceso de expansión de las libertades reales que disfrutan los individuos” (Amartya Sen), entendidas estas libertades como las posibilidades de optar que tienen las personas, al Desarrollo Local (i) se lo puede pensar como “la aplicación del concepto de desarrollo planteado por Sen a un determinado territorio” (Formichella, M. 2005: 5).

Es importante destacar que la irrupción de un modelo de desarrollo localizado se vio favorecido por la descentralización de la producción (segmentación productiva, e “industria global” (ii)) que adoptó el capitalismo como respuesta a la crisis del modelo de producción fordista, mediante la cual alcanzan protagonismo las pequeñas empresas y adquieren significación las características del entorno territorial en el cual las mismas se desenvuelven. También, hay que decirlo, esta perspectiva era percibida por muchos como una respuesta al modelo globalizador y a las consecuencias indeseables (desocupación, exclusión, desigualdad) que esta “modernidad” avasallante trajo consigo.

De esta manera, “el territorio se visualizaba como el espacio en el cual se producen los procesos de desarrollo y pasan a ser factores de interés cuestiones como los recursos materiales y humanos que se disponen, la historia, la sociedad, los valores y el conocimiento. El desarrollo, como dice Boisier, es necesariamente local, es decir, territorial” (de León, O. 2006: 3).

Queda claro entonces que, al hablar de territorio (iii), “no se está teniendo en cuenta sólo un determinado sitio geográfico, sino también una forma de vida determinada, una cultura establecida, una realidad social y económica específica y un medio ambiente definido, con ciertos recursos naturales y ciertas potencialidades productivas” (Formichella, M. 2005: 7).

Desde esta perspectiva, y con la participación de actores locales, se logran alcanzar objetivos de crecimiento bajo condiciones que al menos atenúen los costos que impone el modelo capitalista; esto es, poder consensuar niveles de innovación y desarrollo adecuados a las condiciones de competencia que impone el mercado, sin desatender a los ciudadanos y sus necesidades básicas, el uso responsable de los recursos naturales, la inclusión de los diferentes sectores sociales, etc., cumpliendo de esta manera con aquellas obligaciones impostergables del Estado en las sociedades democráticas.

Todo esto es posible en propuestas de desarrollo que parten de los propios actores, “el desarrollo, además de territorial y endógeno, es autodesarrollo” (de León, O. 2006: 19). Además, por tratarse de un desarrollo promovido fundamentalmente a partir de “lo propio”, resulta importante que existan actividades de innovación en el ámbito del territorio, dado que las mismas aumentan las capacidades y oportunidades de los individuos, favoreciendo los procesos de desarrollo.

Se puede comprender con lo señalado hasta aquí que esta nueva perspectiva es estructural o sistémica, porque supone la cooperación de los actores y el logro de acuerdos entre sectores que muchas veces sostienen intereses distintos. Exige “procesar” todas las relaciones de interdependencia que existen en el territorio, poniendo atención (simultáneamente, no de manera aislada) en aquellos factores significativos para la creación de entornos innovadores; “no compite la empresa aislada, sino la red y el territorio” (Alburquerque, F. 2004: 158).

“El éxito de las estrategias territoriales dependerá en gran medida de la capacidad de innovación sistémica de las sociedades implicadas”; adquiriendo así relevancia no sólo la dimensión económica, sino también la política y la cultural. “Se debe atender una dimensión social de la innovación” (de León, O. 2008:1).

Por encima de aquellas políticas de desarrollo que “bajan” del gobierno a la comunidad (innovaciones restringidas), son las iniciativas que surgen desde la propia comunidad (genuinas (iv)), respondiendo a la atención de necesidades “sentidas” por los diferentes sectores sociales, las que ofrecen mayor interés de análisis a la hora de buscar patrones en la construcción de un modelo de desarrollo territorial. Aún así, el sector público desempeña un rol determinante en la implementación de políticas de desarrollo exitosas, favoreciendo e impulsando aquellas ideas que surgen de la comunidad, manteniendo la cohesión social, creando o adecuando las instituciones existentes a las necesidades que surgen de los proyectos, etc.

Los factores – tangibles e intangibles – privilegiados en el análisis sistémico por su influencia en el éxito de los procesos de desarrollo territorial, no se han ido presentando de igual manera en la, cada vez más extensa, casuística que abona esta teoría. “En el amplio abanico de casos, encontramos regiones con situaciones muy diferentes que requerían combinaciones distintas de instrumentos y acaso la creación de otros nuevos que surjan de la especificidad del proyecto” (…) “Diferentes territorios, con diferentes niveles de desarrollo, deben reconocer distintos caminos” (de León, O. 2006:15 y 16).

En esta perspectiva las propuestas estandarizadas están condenadas al fracaso, el modelo exige establecer políticas de desarrollo que surjan de evaluar (a la medida de) las oportunidades y limitaciones económicas, sociales, institucionales, ambientales y políticas de cada región en particular.

Ahora bien, aún cuando en cada caso se pueden observar características distintivas que impiden formular modelos universales, existen elementos comunes que juegan un papel esencial en las experiencias de desarrollo territorial analizadas, los cuales deben ser considerados de manera integrada a la hora de definir proyectos. Merecen destacarse el nivel de acumulación, el patrimonio tecnológico, la financiación, el acervo de conocimientos, la inserción externa del desarrollo territorial, la capacidad en la toma de decisiones, la cohesión social y los elementos identitarios.

Estos factores (tangibles e intangibles), junto a otros aspectos como la estructura productiva e infraestructura disponible, la disponibilidad tecnológica y la descentralización política y administrativa, conforman el “entorno territorial” (milieu) que facilita o dificulta el proceso de desarrollo y el surgimiento de la innovación. “El éxito de las estrategias territoriales dependerá en gran medida de la capacidad de innovación sistémica de las sociedades implicadas” (de León, O. 2008:1).

Lo estimulante de esta concepción del desarrollo es que, mediante la misma, se devuelve a los agentes e instituciones locales el protagonismo en el proceso de transformación de sus realidades; el proyecto de desarrollo de la sociedad no debe quedar necesariamente expuesto a las condiciones establecidas por las economías globalizadas, esto es la voluntad de las grandes empresas que priorizan maximizar sus ganancias por encima de los intereses generales de la sociedad. Desde esta perspectiva, “aún queda espacio para generar condiciones de desarrollo de una producción a pequeña escala que tenga como destinatarios finales de sus beneficios a la población local” (de León, O. 2006:15).

Simultáneamente, se debe asumir la “dificultad” – intrínseca en proyectos de estas características – de lograr en cada caso particular, propuestas consensuadas que contemplen los factores estructurales existentes, para poder definir políticas y estrategias apropiadas a las condiciones institucionales, económicas, sociales y ambientales de la región.

La tarea es compleja, y exige el desarrollo de instrumentos adecuados, entre las cuales la producción de información política, económica y social sobre el territorio adquiere relevancia. Además, se deben crear y promover instancias (espacios) que permitan vincular las diferentes instituciones, así como a éstas y los diversos grupos sociales que actúan en la comunidad, buscando identificar y fortalecer aquellos () intersticios en los que articular experiencias propias. Cuando menor sea el nivel de desarrollo, más complejo y largo será el proceso, pero presentará más opciones de incidir en la calidad de los alcances” (de León, O. 2006:15).

Iniciativas de estas características, que para algunos autores ocurrieron por generación espontánea, permitieron establecer nuevas formas de elaborar e implementar políticas de desarrollo que resultaron exitosas en regiones consideradas periféricas en la “nueva división internacional del trabajo” (NDIT) (v) establecida por el sistema capitalista mundial.

En el caso particular de América Latina, también esto fue posible a pesar de las condiciones iniciales desfavorables de la cual partieron un número importante de experiencias de desarrollo implementadas desde esta perspectiva.

La Experiencia de América Latina

A comienzos de los `80, gran parte de los países de la región habían recuperado la posibilidad de poder expresarse electoralmente y elegir sus gobernantes, pero – al mismo tiempo – se encontraban viviendo una depresión económica de tal magnitud que llevaron a reconocer esos años ochenta como “la década perdida” en América Latina(vi). También se producía en esos años un crecimiento de la deuda externa de tal magnitud que los márgenes de maniobra en materia de política económica se redujeron de manera determinante.

Es también en esos años cuando se produce una ofensiva contra el modelo de Estado de Bienestar, particularmente desde aquellos sectores que promovían los principios del libre mercado, en oposición a la participación estatal en los medios de producción, las medidas de regulación económica y la implementación de programas sociales, acusados – estos últimos – de ser los causantes del déficit fiscal.

Como resultado de este proceso, a fines de esa década se imponían políticamente aquellas posturas que proponían reducir a la mínima expresión el modelo de desarrollo basado en el fortalecimiento de la industria nacional, la creación de un mercado interno de bienes industriales y la presencia del Estado adoptando medidas para regular la economía e intervenir en los medios de producción. El paquete de medidas adoptadas conformaba – en líneas generales – el modelo establecido por el Consenso de Washington (vii) o de Globalización para Países Emergentes.

En este contexto, la plasticidad del modelo de Desarrollo Territorial junto a las ideas de valorizar el territorio y otorgar un mayor protagonismo a los agentes y políticas locales que el mismo sustentaba, encontraron en América Latina un campo propicio para su rápida difusión, la que se concretó en el campo intelectual gracias a la tarea desarrollada por expertos, investigadores, consultores, docentes, etc., y fue impulsada financieramente por diversas instituciones internacionales, entre las cuales el BID desempeñó un papel trascendente.

Es necesario destacar que los factores tangibles e intangibles señalados previamente como esenciales a la hora de implementar proyectos de desarrollo territorial, presentaron diferencias importantes (mayoritariamente por defecto) en muchas regiones latinoamericanas, respecto a las que pudieron observarse en las diferentes experiencias europeas. La enorme diversidad de situaciones registrada en América Latina junto a la necesidad de revisar lo actuado y construir instrumentos de desarrollo adaptados a las condiciones particulares de las sociedades de destino, resultó un aporte de gran importancia en el proceso de producir y/o enriquecer las teorías que sustentan este nuevo modelo de desarrollo.

A pesar de las condiciones iniciales más restringidas en la búsqueda de mejorar sus condiciones económicas, sociales y ambientales, las sociedades latinoamericanas mostraron una gran capacidad de innovación genuina, llevando adelante iniciativas con gran participación social, las cuales muchas veces se proyectaron aún por encima de las posibilidades materiales e institucionales existentes. Son numerosos los ejemplos que avalan esta afirmación.

Consideraciones Finales

La transformación del Estado de Bienestar es un proceso irreversible y aceptar las carencias que este presenta para administrar las contradicciones políticas, sociales y económicas que se plantean en las naciones capitalistas a partir de la globalización, sitúa la atención del problema de manera apropiada.

Al mismo tiempo, se debe reconocer que no se visualizan claramente cuales son las transformaciones necesarias para adecuar las funciones del Estado al modelo de sociedad que plantea un desarrollo globalizado y las demandas que de él se derivan.

Las alternativas de libre mercado que se impulsan desde los grupos capitalistas y las respuestas “neopopulistas” ejerciendo una defensa a ultranza de las conquistas sociales logradas en las épocas de bonanza del Estado de Bienestar, aparecen como acciones y reacciones sectoriales que no resuelven los problemas de fondo e incluso profundizan las desigualdades sociales ha niveles intolerables de contener políticamente en sociedades democráticas (En: Vaca Avila, P.-Simonetti E. 2008. Inédito).

En las actuales circunstancias, el modelo que se impone es territorial, participativo, concertado y descentralizado, en el cual toman fuerza aquellos procesos de “democratización donde el individuo y la comunidad recuperan el papel protagónico que le corresponde en la decisión de su destino” (SIMOSE. 2008.: 1).

Se plantea así la necesidad de establecer estrategias de crecimiento que permitan dinamizar la participación de aquellos sectores sociales que exponen menores niveles de desarrollo relativo, con el objetivo de restablecer condiciones de mayor equidad social y económica.

Para ello, se deberán revisar las tendencias centralizadoras y excluyentes que han predominado en los enfoques tradicionales del “desarrollo nacional”, reivindicando el ámbito local como un espacio concreto de participación social. Resulta prioritario recuperar la dimensión territorial como unidad de análisis, planificación y acción, desde la cual se podrán generar mejores oportunidades de alcanzar un desarrollo que armonice las posibilidades de los distintos sectores de la comunidad de acceder a los beneficios que se obtienen mediante un aprovechamiento equilibrado de los recursos disponibles.

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(i) “Alburquerque definió al Desarrollo Local como el proceso que mejora la calidad de vida, superando las dificultades por medio de la actuación de diferentes agentes socioeconómicos locales (públicos y privados), con recursos endógenos y fomentando el aumento de capacidades” (Formichella, M. 2005.: 6 ).
(ii) Proceso en el cual las grandes y medianas empresas concentran su actividad donde tienen mayores posibilidades de agregar más valor (innovar), y terciarizan aquellas actividades que no resultan centrales para su desenvolvimiento. Esta especialización de la producción da lugar a una creciente integración productiva a escala mundial (la “fábrica mundial”), conformando de esta manera lo que se conoce como la “nueva división internacional del trabajo”.
(iii) “Es importante destacar que la noción de territorio se puede referir a una localidad, a una región o una sub -región, ya que los límites varían en función de la percepción de los actores sociales” (Formichella, M. 2005: 27).
(iv) La innovación genuina es un emergente social que surge desde los actores como una síntesis entre sus condiciones estructurales específicas y su cultura (valores y conocimientos). En: de León, O. 2008: 9.
(v) Ver: Martínez, Javier (2000). “Globalización y fábrica mundial”, en Arriola y Guerrero (eds). Cap. 11, Págs.: 251-269.
(vi) También se utilizó la expresión al designar en Gran Bretaña al período de la postguerra (1945-1955) y para describir los diez años que siguieron al colapso económico japonés, en la década de 1990.
(vii) El término fue acuñado por John Williamson, del Instituto de Economía Internacional con sede en esa capital, en relación a los acuerdos logrados en una reunión convocada en 1989 por su Instituto y a la que asistieron representantes de 10 países de la región, con el objetivo de diseñar las reformas necesarias para sacar a la América Latina de la crisis de la deuda externa y recuperar el crecimiento que la región no tuvo en la “década perdida” de los años ochenta.
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Bibliografía

Alburquerque, Francisco (2004). “Desarrollo económico local y descentralización en América Latina”, Revista de la CEPAL, Nº 82.

Formichella, María M. (2005). “La Evolución del concepto de Innovación y su Relación con el Desarrollo”. Monografía realizada en el marco de la Beca de Iniciación del INTA: “Gestión del emprendimiento y la innovación” Director de Beca: Ing. José Ignacio Massigoge. Estación Experimental Agropecuaria Integrada Barrow (Convenio MAAyP-INTA). Tres Arroyos, Argentina.

León, Omar (2008). “Innovación en Europa y América Latina: aprendizajes de ida y vuelta”. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, España.
En: http://innovacionydesarrollo.blogspot.com/.

León, Omar (2006). “Estrategias de desarrollo territorial en América Latina: entre la imitación y la innovación social”, en Vergara, P. y Alburquerque, F. (coords.): Desarrollo económico territorial. Respuesta sistémica a los desafíos del empleo, DETE-ALC/OIT, Fortaleza (Br.).

León, Omar (2003). “Innovación, competitividad y desarrollo: una perspectiva territorial de la economía española”. Artículo aparecido en Revista del Instituto de Estudios Económicos, Nº 2 y 3.

Martínez, Javier (2000). “Globalización y fábrica mundial”, en Arriola y Guerrero (eds).

Sistema de Información y Monitoreo Social y Económico – SIMOSE (2008). “Capacitación de Capacitadores en Desarrollo Local y Fortalecimiento Municipal”. Inédito. Gobierno de la Provincia de Misiones. Misiones, Argentina.

De Vaca Avila, P. - Simonetti. E. (2008). “Las Propuestas de Reforma Ante las Crisis del Estado de Bienestar”. Segundo Informe para la materia Economía, Política y Cultura del doctorado Economía Política y Social en el Marco de la Globalización (UCM). Inédito.

sábado, 5 de julio de 2008

Las Teorías Evolucionistas de la Innovación: una “interpretación biológica” del desarrollo tecnológico.[1]

Desde esta perspectiva neoschumpeteriana[2] de interpretación de los modelos de desarrollo tecnológico, se pone más atención en el entorno socioeconómico y ya no tanto, como en décadas anteriores, en las características de la empresa y la estructura del mercado. Se concibe en este caso al desarrollo tecnológico como un proceso evolutivo, dinámico, acumulativo y sistémico que sintetiza los procesos económicos, sociales y científicos.

En esta teoría no se plantea como una dicotomía el proceso de innovación y su posterior difusión, tal como se lo entendían en la perspectiva clásica. Desde esta visión, el proceso de difusión es parte constitutiva del progreso técnico inicialmente disparado por una innovación.

En la fundamentación de este enfoque, Nelson y Winter[3] (Vence, X. 1995. Op. cit. Pág. 217) cuestionan el concepto neoclásico de racionalidad maximizadora y beneficio, proponiendo los conceptos de “búsqueda de satisfaciente” y “selección”. Esto es, entendiendo que el conjunto de posibilidades tecnológicas es limitado, las empresas no cuentan con una amplia gama de técnicas a su disposición, sino que deben buscar aquella que de la respuesta más satisfactoria a sus necesidades, con la incertidumbre de no saber cuáles son las óptimas. Aquellas empresas que den con las mejores técnicas serán las que experimenten una mayor expansión, en un proceso de selección ex post.

Esta interpretación de la innovación tecnológica, como un proceso de “incorporación aleatoria” de tecnología y selección de las más aptas por parte del mercado, en el que hay ganadores y perdedores (empresas que crecen y otras que se resumen y desaparecen, de acuerdo a la “suerte” que hayan tenido en su desarrollo tecnológico), establece un parentesco con la teoría biológica darwinista de evolución de las especies y selección natural.

Tenemos entonces que la tecnología no se realiza en forma definitiva, sino que desde el momento en que nace se va difundiendo y modificando de acuerdo a los condicionantes establecidos por un contexto industrial, económico y social específico, pudiendo el analista en su interpretación enfatizar las características dinámicas y tecnológicas o la importancia del entorno económico y su evolución.

Se trata en este caso de proponer un modelo capaz de explicar los determinantes y direcciones de un cambio tecnológico en el cual ciertas tecnologías se vuelven dominantes y evolucionan en un contexto cambiante (Dosi. G.[4] en Vence, X. 1995. Op. cit. Pag. 219). El comportamiento y las estrategias de las empresas aparecerán determinadas por las condiciones estructurales existentes (de la empresa, del sector y el régimen tecnológico), que son las que definen el margen de acción que se dispone, destacándose además – entre otros factores – el efecto determinante que adquieren el desarrollo científico, la planificación de las actividades de I+D, el nivel tecnológico previo y el aprendizaje por la acción.

En este abordaje se entiende a la tecnología de manera amplia (Dosi), como “un conjunto de elementos de conocimiento práctico y teórico, know-how, métodos, procedimientos, experiencia de aciertos y errores y, por supuesto, aparatos físicos y equipos”, abarcando elementos materiales como los conocimientos y la experiencia e incluyendo, además, componentes inmateriales – difíciles de registrar con precisión – adquiridos por las personas y las organizaciones, como la habilidad, la experiencia de intentos anteriores, etc. (Vence, X. 1995. Op. cit. Pág. 221).

Desde esta percepción, para mejorar la eficiencia productiva y, consecuentemente, sus oportunidades en el mercado, las empresas realizan una búsqueda y aprendizaje a partir de su propia base de conocimientos, dependiendo sus posibilidades de lo que hayan realizado en el pasado. En consecuencia, el progreso técnico sería un proceso secuencial e irreversible de resolución de problemas en el marco de un paradigma tecnológico, siguiendo una trayectoria tecnológica propia de ese paradigma.

El paradigma tecnológico, por analogía con lo que propone Kuhn[5] para la ciencia, se entiende como el modelo o patrón de solución de los problemas tecnológicos seleccionados, de tal manera que a partir del mismo quedan delimitadas las dificultades a ser abordadas desde esta perspectiva. Al mismo tiempo, el modelo seleccionado dirige la solución de esos problemas enfocando los esfuerzos en las oportunidades tecnológicas que puede ofrecer. A su vez, la trayectoria tecnológica es el patrón de solución normal de los problemas siguiendo los procedimientos de búsqueda y la lógica propia de un paradigma.

Desde esta perspectiva, la aparición de nuevos paradigmas tecnológicos representa la existencia de “discontinuidades en la evolución del progreso técnico” ante las nuevas posibilidades ofrecidas – en primer término – por la ciencia, como así también por la existencia de nuevas instancias económicas e institucionales. Según Dosi, las fuerzas económicas y los factores sociales operan como mecanismos de selección fundamentales.

El entorno socioeconómico interviene en el proceso de selección de la trayectoria dado que, si bien no modifica el abanico de posibilidades en una tecnología determinada, selecciona las trayectorias dominantes a partir de diferentes criterios como la incidencia de políticas institucionales, financieras, el comportamiento de los consumidores, etc. Este “entorno de selección” resulta determinante en la elección y sustitución de tecnologías, como así también en el tipo de I+D que se considera más beneficioso. Es decir que – como es de imaginar – se puede establecer “una relación a largo plazo entre el modelo de desarrollo social y el paradigma tecnológico elegido” (Vence, X. 1995. Op. cit. Pág. 227).

A su vez el mercado opera ex post como fórmula de selección entre el conjunto de posibilidades determinado – como quedó dicho – por el pradigma tecnológico que fuera seleccionado. Como resulta difícil poder establecer a priori las ventajas que ofrecen los diferentes paradigmas y trayectorias, la selección que se realiza en el mercado se produce, en parte, mediante mecanismos de prueba y error, lo que implica necesariamente algún grado de riesgo para los productores.

Ahora bien, los efectos que produce el entorno económico en la actividad tecnológica actúan como un estímulo en la evolución de una trayectoria pre-establecida, pero difícilmente van a provocar un cambio en esta trayectoria. Estos cambios conforman hechos extraordinarios que ocurren ante desarrollos científicos extraordinarios o el aumento de las dificultades económicas y tecnológicas (o combinaciones de ambas), para seguir avanzando en esa dirección.

En relación con las actividades innovadoras que producen cambios tecnológicos, Dosi supone que estas se van a emprender en la medida que exista alguna expectativa de beneficio económico o que la ausencia de las mismas amenacen los beneficios económicos existentes. A la hora de interpretar el esfuerzo innovador a partir de la búsqueda de beneficios, se incorpora el concepto de “grado de apropiación” privada de los resultados que se obtengan, condición necesaria para que se realice este esfuerzo, en el que se hace referencia a las posibilidades concretas de poder utilizar los resultados de las innovaciones en beneficio propio.

Con respecto al cambio tecnológico, es importante destacar el carácter acumulativo e irreversible que se percibe en el mismo, el cual se va a lograr a partir de procedimientos de búsquedas propios de cada paradigma y cada industria, las cuales no se remiten a reservas comunes y públicas de información, sino que tienden a buscar respuestas localmente, en áreas próximas a las actividades que desarrollan en cada momento. Estos cambios tecnológicos (progresos técnicos) son generadores de asimetrías que, según la “suerte” corrida con la selección y la capacidad de apropiación de las mismas, dan lugar a resultados divergentes en el proceso de competencia empresarial.

En el caso de los países el proceso es asimilable, dando lugar a divergencias que se traducen en una especialización internacional. Las asimetrías entre países son acumulativas o – cuando mucho – estables, dando lugar a un proceso evolutivo que dependerá de diferentes factores como la tasa de cambio técnico, la brecha tecnológica entre los países, el grado de acumulatividad del progreso técnico, etc.

Tenemos entonces que, junto con los diferenciales salariales y los patrones sectoriales de especialización, las asimetrías tecnológicas internacionales en la innovación y la imitación son un componente básico en la dinámica de la dependencia macroeconómica entre los sistemas económicos nacionales.

Algunas Observaciones al Modelo Evolucionista:

Entre las observaciones críticas que se le realizan al modelo evolucionista presentado, se destacan:

- El hecho de que a la ciencia le da un carácter autónomo, siguiendo en su desarrollo un proceso evolutivo que tiene una única senda posible. Al no estar ésta influida por condicionantes que puedan afectar su dirección y desarrollo, y constituir simplemente un dato de la realidad, la aparición de los nuevos paradigmas tecnológicos estarían “determinados” por un factor exógeno sobre el cual no tendrían incidencia alguna.
Se plantearía un determinismo científico excesivo en la aparición de los nuevos paradigmas y un determinismo también excesivo en la senda de las trayectorias tecnológicas, en el cual se desconocen – o minimizan – las transformaciones que produce en las características iniciales y posibilidades, el feed back entre el desarrollo científico y la evolución de una trayectoria tecnológica.

- En el modelo de Dosi, se descuida el papel que juegan el Estado y las universidades en la actividad científica y, consecuentemente, la influencia que ejercen estas instituciones sobre la evolución de la tecnología. El papel del Estado supera el rol que se le atribuye como mecanismo de selección a posteriori de paradigmas y trayectorias.

- Es un modelo que se muestra provechoso para el análisis de los nuevos paradigmas que se generan en los países “centrales”; no lo es tanto a la hora de analizar estos procesos en economías que se mueven en la frontera tecnológica mundial.

- Todo el análisis del proceso innovador se realiza sin considerar las características del factor humano que lo sostiene, factor cuya presencia, funcionamiento y reproducción resulta central a la hora de evaluar las condiciones en que se produce el desarrollo económico.
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[1] Extractado de: Vence, X. “Economía de la Innovación y del Cambio Tecnológico”. Capítulo 7. Las teorías Evolucionistas de la Innovación. Pags. 216 a 270. Siglo XXI. Madrid, 1995.
[2] De la misma manera que Joseph A. Schumpeter (1883-1950), le otorga a la innovación el papel de principal dinamizador de la economía capitalista y, si bien existen diferencias, hay una gran cantidad de similitudes. De allí su calificativo, con el cual coinciden muchos autores.
[3] Nelson, R. y Winter, S. “Neoclassical vs. Evolutionary theories of economics growth: critique and prospectus”. The Economic Journal, diciembre 1974, pp. 886-905; Nelson R. y Winter, S. “An evolutionary theory of economic change, ob. Cit., cap 1.
[4] Dosi, G. “Technical Change and Industrial Transformation”, ob. Cit., cap 2.
[5] Por Thomas S. Kuhn (1992-1996), epistemólogo estadounidense que en su obra “La estructura de las revoluciones científicas” introduce el concepto de paradigma.